jueves, 1 de noviembre de 2012

La voz del que no gana

Anoche, día de difuntos, nos reunimos mis amigos, mi novia y yo en casa de unos amigos para celebrar la noche de Halloween. Cada año, como costumbre en nuestro grupo, nos reunimos en casa de unos de ellos para contar historias de miedo y vivir una noche terrorífica.
Aquí os dejo la historia que hicimos este año, espero que la disfrutéis tanto como nosotros:




“La voz del que no gana”








                                                    Manuel Carballo
                                           Diana del Amo


Halloween. Una noche muy especial, una noche en la que siempre se reúne un grupo de buenos y viejos amigos en casa de Silvia y de Javi.
Son noches en las que beben, ríen, escuchan música, hablan de sus cosas, …, pero sobre todo cuentan historias de miedo que gustan. Sucesos paranormales que han sucedido a cada uno de ellos, o creen que  han ocurrido, pero el caso es que es una noche especial. Una noche mágica.
Esta tradición se viene repitiendo desde principios de la década del 2000, y como una noche más de cada una de nuestra vida, termina quedando en el recuerdo. Pero lo sucedido en la noche de halloween del 2012 es algo que tiene que quedar grabado para el resto de los tiempos.
Todo comenzó más o menos a las 22 horas del 31 de Octubre de 2012, se juntaban en el portal de casa de los ya mencionados Silvia y Javi todo el “Clan de halloween” que era como gustaba llamarse a este grupo de amigos. Abajo, en el portal, estaban los demás: Antonio, José Alberto, Manu, Diana, Fernando y Verónica.
Silvia y Javi, los anfitriones de todas las fiestas, siempre tenían alguna escena de terror preparada para esta noche que tanto gustaba a este grupo, y daban órdenes muy estrictas de cómo tenían que ir subiendo a su casa, hora exacta y cómo tenían que ir entrando. Así se venía sucediendo todos los años, pero esta vez las cosas empezaban a ser extrañas.
A las 22 horas. Silvia debía dar la orden de subir, pero no lo hizo, los demás seguían esperando abajo, y así estuvieron durante más de 20 minutos, al ver que los teléfonos no sonaban, Antonio finalmente decidió llamarles. Pero éstos no contestaban.
Preocupados, decidieron subir sin hacer caso a las intrucciones que Silvia y Javi les habían dado, y cuando llegaron al rellano encontraron la puerta abierta. Con toda confianza entraron y vieron que estaban ambos amordazados y atados a una silla cada uno. De repente la puerta se cerró bruscamente y cuatro encapuchados armados con rifles les apuntaron, les dijeron que no se moviesen y que mantuviesen las manos en alto.
Muy asustados, todos levantaron sus brazos arriba y los encapuchados fueron reduciendo y amordazando uno a uno a todo el grupo. Una vez que ya estaban todos reducidos los bajaron a una furgoneta que les estaba esperando abajo, los metieron dentro y se los llevaron. La noche más larga de halloween jamás contada comenzaba en este momento.
Más o menos estuvieron viajando durante una hora y media, la furgoneta no tenía ventanas y no se podía ver absolutamente nada, por lo que ninguno de ellos sabía a dónde lo llevaban, y sobre todo, ninguno entendía qué era todo aquello que estaba ocurriendo.
Asustados, desconcertados y muertos de miedo notaron que la furgoneta se detenía, alguien bajó y abrió la puerta. Apuntándoles con el rifle les ordenó que se bajasen. Y una vez abajo les metieron en una sala totalmente oscura y allí les quitaron las cadenas y las mordazas. La puerta se cerró. Transcurridos unos segundos, una voz temblorosa de una de las chicas dijo. “NOS HAN SECUESTRADO”.
De repente se encendieron los focos, eran unos focos muy brillantes que cegaron a todo el grupo. La sala tenía una forma totalmente cibernética, llena de cámaras y una de las paredes, estaba llena de pantallas de televisión.
Las pantallas se encendieron automáticamente todas a la vez y apareció la cara de un encapuchado que les empezó a hablar con una voz totalmente distorsionada por una máquina.
-“Sed bienvenidos a nuestra casa, ante todo, no intentéis escapar, no intentéis romper nada de esta sala, no hagáis nada que pueda enfadarnos y todo irá bien”. “Si al final llegamos a una negociación razonable, seréis liberados y nada de esto habrá sucedido”.
-“¿Pero qué queréis de nosotros?”. Respondió Antonio.
-“No hagáis ninguna pregunta hasta que os lo diga”. Contestó rápidamente el hombre de la pantalla.”
-“Escuchad atentamente las normas que os voy a decir, y espero que os queden bien claras:
Tendréis derecho a tres comidas diarias mientras estéis aquí. A vuestra derecha tenéis un pasillo en el cual hay cuatro puertas, una es un baño completo donde podréis disponer de todo lo necesario, las tres puertas restantes son tres habitaciones con dos camas cada una, donde podréis dormir. Al ser seis camas, dos de vosotros no tendrán derecho a dormir en ellas, eso os lo dejo a vuestra elección para que lo organicéis como queráis. Todas y cada una de las habitaciones tienen cámaras que os van a estar vigilando las 24 horas del día. Si intentáis sabotear alguna de ellas o intentáis romper algo de alguna de las habitaciones seréis castigados”.
-“¿Tenéis alguna pregunta?”. Preguntó el señor que aparecía en la pantalla.
-Diana llorando le dijo. “¿Por qué a nosotros? ¿Qué es lo que queréis de nosotros?”.
-“No puedo aún responderte a eso”, le dijo la voz. “Cada cierto tiempo apareceré para daros nuevas instrucciones y cuando eso ocurra sonara una alarma como esta”.
De repente un estruendoso sonido como una sirena de fábrica comenzó a sonar tan fuerte que todos ellos se tuvieron que tapar los oídos.
-“Si alguno de vosotros no está en esta sala cuando salga a hablaros, será castigado. Buenas noches”. Las pantallas se apagaron y los focos dejaron una luz tenue. El silencio se alargó durante más de diez minutos en lo que solo se oía los sollozos de Silvia, los de Verónica y los suspiros de José Alberto. Javi, Manu y Antonio miraban a un lado para otro con cara inexpresiva pero sin decir absolutamente nada. Diana lloraba en un rincón asustada y exhausta.
Manu se dirigió a Diana para intentar calmarla, intentando darle ánimos diciéndole que todo iría bien. Javi y Silvia también se abrazaron y llorando se juntaron con Verónica para darse ánimos tambien, Verónica se separó de Silvia y Javi corrió hacia Fernando para abrazarle diciéndole que estaba muy asustada y José Alberto se quedó sentado sin decir nada a nadie, con la cabeza baja mirando al suelo. Cada uno intentaba afrontar aquella situación lo mejor que podía, estaba claro que ninguno de ellos se habían visto jamás en una situación como aquella, encerrados, sin relojes, sin teléfonos móviles ni ordenadores o cualquier objeto tecnológico y totalmente vendidos a unos secuestradores que les estaban espiando con cámaras durante las 24 horas. Solo había algo en común que reinaba en aquella sala. Una sensación total de pánico.
No se puede decir cuánto tiempo pasó hasta que por fin alguien del grupo decidió moverse para ver las habitaciones y el baño que les habían preparado, poco después los demás le siguieron y comenzaron a inspeccionar cada una de las habitaciones, todas ellas con aquella luz tenue que cerca estaba de convertirse en penumbra y aquella sensación de claustrofobia que invadía cada rincón de aquel horrible lugar.
Las habitaciones tenían camas pequeñas, no cabía más de una persona en cada una de ellas, pero no parecían demasiado incómodas, el baño estaba bastante bien equipado, tenía todo lo que una persona necesita para poder vivir, no hacia frio, tampoco calor, aquel lugar estaba acondicionado para que la sensación fuese solo de miedo y terror. 
Durante el tiempo que estuvieron inspeccionando las habitaciones, raro era el que decía más de dos palabras seguidas, no había comunicación entre ellos, había una sensación muy extraña. En la que mandaban más los contactos físicos que las palabras. Hasta que al final Antonio propuso que fuesen durmiendo en las camas tres parejas y que una de ellas durmiese en el suelo, al día siguiente los que dormían en el suelo pasasen a habitaciones y otra pareja fuese al suelo a dormir, y así todos irán rotando.
Todos estuvieron de acuerdo pero de repente José Alberto dijo.
-“¿Y Como se os ocurre calcular los días?”. No tenemos relojes, no entra el sol, no tenemos ninguna manera de calcular el paso del tiempo.
-“Propongo que vayamos haciendo turnos de guardia”. Dijo Manu.
-“Si venga, como si estuviésemos en el ejército”, le recrimino Javi.
-“Pues ¿se os ocurre algo mejor?”. Les dijo Manu, alzando mas la voz.
-“Yo creo que lo mejor es que  los primeros que quieran ir a dormir vayan a las habitaciones, y la última pareja que aguante despierta que duerma en el suelo, luego después los primeros que se despierten que se cambien por los que están en el suelo y así podremos ir descansando todos y todos iremos rotando”, comentó Diana.
-“Estoy de acuerdo”, dijo Silvia. Los demás asintieron.
Todos intentaron en la medida de lo posible hacer lo que habían pactado pero la realidad era que ninguno de ellos podía dormir, se echaban en las camas y daban vueltas de un lado para otro, de manera que aquello no era como en un principio habían acordado. De repente oyeron un ruido en la sala principal y vieron como una pequeña compuerta que había en una de las paredes laterales a la pared de las pantallas de televisión se abría. De aquel pequeño hueco cayeron ocho bolsas y en ellas había comida, era una de las comidas que les habían prometido y todos fueron a ellas a comer ya que el hambre comenzaba a hacer estragos en este pequeño grupo de amigos. Comieron bien, lo suficiente para saciarse y por un momento hasta hubo pequeñas bromas entre unos y otros. Y se comenzaron a escuchar las primeras risas. Digamos que la nueva vida en común de este grupo comenzó aquí.
Antonio se fue al baño, a ducharse, seguidamente Manu, Javi, José Alberto y Fernando detrás. Las chicas fueron las últimas, ya que tenían miedo a ser espiadas por cámaras mientras se duchaban, en la ducha parecía que era el único lugar donde no había cámaras, las duchas eran chorros a presión que salían de la pared y con un regulador manual de temperatura, había toallas para todos y incluso una lavadora para poder lavar la ropa, la verdad, todo hay que decirlo, que disponían de todas las comodidades para poder vivir bien allí. Pero puedo asegurar que dudo mucho que alguien se quisiese cambiar por ellos.
Bastante tiempo después Diana decidió ir a ducharse, fue la primera de las chicas en hacerlo, las demás la siguieron después. No hubo nada más que contar al respecto.
Pasaba el tiempo, no sé sabe si rápido, lento o si ni siquiera pasaba, y poco a poco el grupo comenzó a coger una rutina. Comer, lavarse o limpiar la zona en la medida de lo posible, ya que disponían tambien de medios para hacerlo. En un armario del baño había trapos, bayetas y jabones de limpieza, pero como todo, estaba limitado y tenían que administrarlo para no agotar los productos.  Las comidas seguían cayendo por la trampilla de la pared y al lado de esa el secuestrador indicó que había otra para que pudiesen tirar la basura. Y así lo iban haciendo. De vez en cuando sonaba aquella alarma y salía el encapuchado dando nuevas noticias. Les hablaba sobre cómo iban las negociaciones para sus rescates, pero ninguna hablaba del día en el que les sacarían de allí. La rutina comenzó a crecer cada vez más en aquel lugar, y también los primeros roces entre ellos, sobre todo con el tema de limpieza y de dormir en las camas y en el suelo, las cosas empezaban a ponerse tensas entre unos y otros.
Pero un día las cosas cambiaron de repente. Sonó la alarma, muchos de ellos estaban durmiendo en ese momento y los que estaban despiertos avisaron a los demás, las pantallas se encendieron y salió una lista con los nombres  de cada uno de ellos, y al lado de cada nombre una cantidad de puntos.
Todos quedaron atónitos. Ninguno de ellos sabia el significado de aquella lista, aparecía el nombre de Verónica en el primer lugar con 18566 puntos, la seguía Antonio con 18489, luego Javi con 12356, Diana con 11453, José Alberto con 9654, Manu con 7645, Silvia con 5646 y cerraba la lista Fernando con 4350.
-“Resultado de la primera semana”, dijo la voz distorsionada.
Lo único que sacó el grupo en claro fue una cosa. Llevaban juntos una semana allí encerrados.
-“¿Pero qué cojones es esto?”, dijo Antonio de repente, un puto Reality show?
-Manu contestó rápidamente. “¡Será un jueguecito para ricachones de mierda! ¡Están jugando con nosotros joder!”.
-Silvia gritó bruscamente. “¿Quiénes sois?, ¿De qué nos conocéis?”. Las lágrimas cayeron por sus mejillas en acto seguido.
-José Alberto de repente comenzó a reír a carcajadas, nadie sabe porqué lo hizo, posiblemente víctima del pánico.
Fernando le comentó a Verónica:
-“Estás la primera en la lista, yo el último. ¿Entiendes algo de esto?”.
-“No”. Le respondió Verónica. “No tengo ni idea de lo que significa esta lista”. Tengo mucho miedo. Acto seguido ambos se abrazaron y comenzaron a temblar de miedo.
De repente apareció el encapuchado y habló.
-“Tanto Silvia como Fernando sois los últimos de la lista, por favor avanzad a la puerta principal que está cerrada y esperad ahí, que nadie de los demás se acerque o seréis castigados”.
Hasta ahora ninguno sabía lo que era recibir un castigo de los muchos con los que aquel secuestrador les había estado amenazando desde que entraron en aquel lugar. Y la verdad es que tampoco querían saberlo. Por lo tanto las cosas se hicieron tal y como el secuestrador había dicho. Fernando y Silvia avanzaron a la puerta principal que estaba cerrada y al rato la puerta se abrió. Aparecieron dos terroristas encapuchados acompañados de otros dos, todos ellos armados con rifles y los sacaron de allí. La puerta se cerró.
Tanto Javi como Verónica se quedaron bloqueados, viendo como se habían llevado a sus correspondientes parejas. A estas alturas no hace falta deciros quienes eran pareja en este grupo de amigos, Silvia era pareja de Javi, Verónica lo era de Fernando y  Manu de Diana. José Alberto y Antonio tenían pareja,  pero afortunadamente para ellas, aquella noche de Halloween no pudieron asistir.
-“Tenemos que hacer algo”, dijo Javi.
-“A lo mejor los han liberado” dijo Manu. “Estemos tranquilos y no perdamos la calma”.
-“¡Claro, tranquilos!”, le respondió Javi enfadado. “Como no ha sido a Diana a la que se han llevado, estas muy tranquilito. ¡Me gustaría verte como estarías si hubiese sido ella!”.
- “Te entiendo perfectamente Javi”. Le contestó Manu. “Pero vamos a confiar en que a lo mejor los han liberado. Vamos a esperar, entiendo el miedo que tienes. Pero creo que lo mejor es esperar a ver que pasa”.
-No tardaron los demás en dar la razón a Manu y tranquilizar a Javi. Tal vez tanto Silvia como Fernando estaban libres y ellos no tardarían mucho más en salir de allí. Tal vez habían llegado a un acuerdo en la negociación por su libertad. Todo era muy confuso. En tiempos de confusión el miedo se acentúa cada vez más, tanto que puede llegar a ahogarte.
Durante un buen rato, el silencio fue sepulcral en aquella sala. Nadie hablaba con nadie, prácticamente ni se miraban, Verónica no dejó de fijar la vista en aquella lista que no entendía y José Alberto permanecía sentado en un rincón solo y cabizbajo.
Al rato se abrió la puerta y aparecieron dos de los encapuchados. Traían a Silvia, solo a ella. Muerta de miedo y llorando, la puerta se cerró. Javi fue a abrazarla rápidamente y le preguntó que a donde la habían llevado. Lo que Silvia les contó les dejó totalmente petrificados.

-“De verdad que no sé por dónde empezar, ni como deciros esto. Es lo más absurdo que he visto en mi vida”. Comentó Silvia. “Solo sé que era de noche y nos han montado a Fernando y a mí en una furgoneta y al rato hemos llegado como a una especie de circuito de carreras. Allí había varias personas con dos cochazos y nos han montado a cada uno en un coche. Dentro del coche iba un piloto y uno de los encapuchados en la parte de adelante. Yo iba atrás con otro encapuchado. Nos han puesto los cinturones de seguridad y se han puesto a competir, han echado una carrera un coche contra otro. Yo no entiendo mucho de esto pero creo que la carrera la ha ganado el coche en el que yo iba, ¡los coches  iban rapidísimo, he pasado muchísimo miedo, pensaba que nos íbamos a matar!”.
-“¿Pero dónde está Fernando?”, se precipitó Verónica.
-“No lo sé”. Dijo Silvia. Iba conmigo en la furgoneta, me han sacado solamente a mí, y a Fernando lo han dejado dentro.
Los nervios comenzaron a aflorar en todo el grupo, sobre todo en Verónica  que comenzó a sudar y a temblar porque no sabía nada de lo que sucedía. La verdad es que estaban todos increíblemente sorprendidos con la experiencia que Silvia les había contado, no daban crédito a lo que habían oído. Cuando de repente suena la voz distorsionada.
-“Ahora vais a escuchar la voz del que no gana”. En acto seguido toda la sala se quedó completamente oscura, una oscuridad totalmente indescriptible, tanto que parecía que te engullía hacia sus entrañas y que jamás podrías escapar de ella.
De repente comenzaron a oír a Fernando que gritaba y gritaba sin cesar.
-“No por favor, tened piedad, por favor, no me hagáis nada. Os lo suplico. ¡PIEDAD!”. Inmediatamente después se escucharon tres disparos.
Verónica gritó tan fuerte que casi pierde la voz. La luz volvió a la sala y Silvia se fue corriendo a consolar a su amiga. Entre lágrimas, insultos, cosas sin sentido que decían unos y otros maldiciendo a toda aquella gente y a toda aquella organización, quedo invadida aquella sala. Una sala que cada momento que pasaba se convertía en el ataúd de aquel grupo de Halloween.
¿Cuánto tiempo pudo pasar? Nadie puede calcularlo, un día, dos días, o tal vez tan solo dos horas, el caso es que asimilar la muerte de Fernando era algo que había que asumir. Verónica cambió de repente, y aquella chica activa que mantenía al grupo a flote durante la estancia en aquel secuestro cambio y se convirtió en una muerta en vida, no hablaba, no comía, no dormía, ni siquiera iba al baño. No hablaba con ninguno, alguno intentaba consolar la muerte de su chico, pero ella rechazaba a todo aquel que se le acercaba.  Durante un tiempo, no sé si fue largo o corto,  las cosas cambiaron mucho. Ya no había conversaciones entre unos y otros, las caras de todos comenzaron a cambiar, y ninguno de ellos se cruzaba más de dos o tres palabras. Excepto cuando repetían una frase. Una frase que sin duda fue la moda pasajera de aquel lugar “NOS VAN A MATAR A TODOS”.
La actitud de agonía se fue marcando en cada uno de los siete que quedaban en la sala y casi sin darse cuenta, ¿cómo poder describirlo? es difícil, pero como que hicieron un acuerdo de hablarse lo justo para lo estrictamente necesario, esto también afectó a las parejas, Silvia y Javi hablaban muy poco entre ellos, pero no mucho más Manu y Diana, aunque estos dos si se mantenían como más unidos. José Alberto hablaba más que ninguno, pero decía cosas que no tenían mucho sentido. Antonio asumió más el papel de organizador pero tampoco es que hubiese mucho que organizar. Y Verónica poco a poco comenzaba a justificar la muerte de su chico. Primero que si fue el destino, el que quiso que así fuera, luego que era una prueba que ella tenía que superar y ya finalmente comenzó poco a poco a darle la razón a los secuestradores. Era evidente que Verónica comenzaba a sufrir del denominado “Síndrome de Estocolmo”. Una situación muy habitual en los secuestros, y sobre todo en ella, que se le hacía muy difícil saber qué Fernando ya no estaba con ellos. Y sobre todo. Que era muy probable que nunca salieran de allí.
Pero en una de las veces que Verónica justificaba los medios de los secuestradores, José Alberto con un estruendoso grito la mandó callar, grito que rápidamente Antonio le recriminó. José Alberto al ver que Antonio salía en su defensa se abalanzó sobre él y comenzaron a pegarse. Javi intento separar a José Alberto. Manu a Antonio. Y de repente sonaron las alarmas, estaba claro que iban a ser castigados. La primera vez que esto ocurría desde que fueron encerrados.
Entraron dos encapuchados por la puerta que se cerró rápidamente y sacaron aparatos eléctricos que suelen llevar los antidisturbios, cogieron a Manu y a Javi y les dieron una descarga a cada uno. Ambos quedaron en el suelo gritando de dolor. Los encapuchados salieron de la sala.
Una vez que se cerró la puerta sonó la alarma, se encendieron las pantallas y habló el encapuchado con su ya tradicional voz distorsionada.
-“¡Acabáis de presenciar cómo son los castigos aquí! El que cometa alguna irregularidad, pagará otro que no tenga nada que ver con la situación, así que vosotros decidís como debéis comportaros. Inmediatamente después las pantallas se apagaron.
Una vez que Manu y Javi se recuperaron de la descarga eléctrica recibida, dijeron que por favor estuviesen quietos y que lo mejor es  unirse y así se harían más fuertes. Pero para qué engañarse. ¿Para qué necesitas hacerte fuerte en una situación así? ¿Para morir como un héroe? Pensándolo bien, es completamente absurdo.
Pasado el tiempo sonaron las alarmas de nuevo. Esta vez corrieron los siete más que nunca para que no tuviesen que castigar a ningún inocente, las pantallas se encendieron con una nueva lista con puntos. Antonio había escalado al primer puesto con 19476 puntos,  Javi se encontraba en segundo lugar con 14535, Verónica estaba ahora la tercera con 11987, Manu estaba cuarto con 8356, Silvia estaba la quinta con 7090, José Alberto el sexto con 5304 y cerraba la lista Diana con 4954.
Aterrados estos dos últimos al ver que se encontraban en último lugar, Diana empezó a temblar de miedo y a gritar: ¡No, no, no puede ser! La voz del encapuchado volvió a sonar.
-“Tanto José Alberto como Diana sois los últimos de la lista, por favor avanzad a la puerta principal que está cerrada y esperad ahí, que nadie de los demás se acerque o seréis castigados”.
Ninguno de los dos quería avanzar, de hecho no lo hicieron, sabían que caminarían hacia la muerte y presas del pánico quedaron completamente inmovilizados.
La puerta se abrió y tres encapuchados armados entraron. De repente Manu dijo: -¡¡¡No os la llevéis!!! -¡¡¡No os la llevéis!!! ¡Llevadme a mí por ella!.
Diana le dijo: -¡Manu por favor estate quieto!
Pero Manu insistió: - No puedo ver morir a nadie más, prefiero sacrificarme y morir yo. Dejadme ir por ella. Por favor.
Al oírse esto las pantallas se encendieron y la voz distorsionada dijo: -Que así sea, si quiere ir el por ella, que vaya.
Los secuestradores cogieron a Manu y a José Alberto y se los llevaron. Las puertas se cerraron.
Pasado un largo periodo de tiempo las puertas se abrieron, los secuestradores metieron a Manu dentro de la habitación, el coche en el que él había viajado había ganado aquella carrera. Diana se abrazó efusivamente a su pareja y le besó como nunca lo había hecho. Dándole una y otra vez las gracias por haberla salvado la vida, aunque fuese por un poco más de tiempo, ya que cada vez estaban más convencidos de que no iban a salir de allí.
De nuevo las pantallas se iluminaron, la voz volvió a repetir la maldita frase.
-“Ahora vais a escuchar la voz del que no gana”. Y de nuevo se repitió lo de la anterior vez con Fernando. La oscuridad absoluta, y desgraciadamente después, los gritos de José Alberto que se escucharon mucho más altos que los tres disparos que le siguieron.
Durante un largo periodo de tiempo no ocurrieron muchas más cosas, Verónica se enfrentó a Silvia a causa de la limpieza y Antonio fue castigado, Diana no se separaba de Manu desde entonces aunque su comunicación verbal había sido bastante pobre. Manu les contaba su experiencia en aquella carrera de coches una y otra vez, no hacía más que hablar de aquella noche en aquella carrera, que si era coches que nunca había visto y que parecían prototipos del futuro. Supongo que aquello le afectó. Como a todos les estaba afectando el estar aislados. Se preguntaban sobre todo quien les habría metido en aquella situación, porque les estaba pasando esto, se hacían las mismas preguntas una y otra vez pero el resultado siempre era el mismo. No se llegaba a ninguna conclusión.
Volvieron a sonar las alarmas y volvieron a acudir a las pantallas, esta vez con mucha menos gana que la anterior. Ya les daba todo igual. Volvió a salir la nueva lista con los nuevos resultados. Manu estaba en primera posición con 23476, había batido el record, y todos supusieron que habría sido por la hazaña anterior con Diana, que esta vez se encontraba en segundo lugar con 18324, en tercer lugar estaba Javi con 11243, Silvia en cuarto lugar con 7568, Antonio en quinto lugar con 3546 y por último Verónica con 2134. Ninguno de ellos entendía aquello de los puntos, ni de porqué unos estaban los primeros una semana y luego bajaban a la última posición. Era igual que alguien que no entiende de bolsa y está continuamente viendo las cifras subir y bajar.
Y como verdaderos autómatas tanto Verónica como Antonio se dirigieron a la puerta cuando les avisó el encapuchado y se los llevaron a la supuesta carrera de coches. Pasó el rato, tanto Manu como Diana, Silvia y Javi solo comentaban quién sería esta vez el que entraría en la sala de nuevo. La situación se volvió tan despiadada que hasta hicieron apuestas los cuatro de quién entraría. Pasó el tiempo y el que entró fue Antonio. Durante un momento el silencio se hizo en la sala hasta que se rompió con la frase.
-“Ahora vais a escuchar la voz del que no gana”. La oscuridad absoluta invadió la sala, se rumorea que se taparon los oídos para no escuchar los gritos de Verónica y los disparos, pero que aun así no pudieron evitarlo.
El tiempo pasaba, despacio, despacio, como una serpiente cuando engulle a su presa. Las cosas se volvían cada vez más y más rutinarias, Antonio dormía solo en una habitación, repitiendo una y otra vez que ya le había llegado la hora, la limpieza comenzó a desaparecer y ya ninguno se preocupaba por nada, de hecho Manu ni tiraba sus bolsa de basura y en una de las veces Diana recibió un castigo con una descarga eléctrica. Sólo esperaban a que volviese a salir la lista. Que no tardó en hacerlo de nuevo.
Diana encabezaba la lista con 11456, Seguida de Silvia con 8954, Manu el tercero con 6345, Javi el cuarto con 4230 y Antonio el último con tan solo 1945. Vieron que claramente la puntuación había bajado con respecto a la anterior vez. Pero no le dieron mucha importancia.
Javi y Antonio salieron una vez que se abrió la puerta, este último diciendo que volvería a entrar, pero la suerte no le sonrió.
Pasó el tiempo hasta que las alarmas sonaron de nuevo, pero esta vez tuvieron la sensación de que no había pasado tanto, creyeron que ya tenían ganas de acabar con el jueguecito del secuestro y las carreras de coches y de poner fin a sus vidas, salieron en último lugar Javi y Diana. Manu intento hacer lo mismo que la primera vez pero esta vez no pudo convencer a los secuestradores. Salieron de la sala y al rato entró Diana. Que se abrazó a Manu muerta de miedo. Silvia no pudo contenerse las lágrimas cuando escuchó la famosa frase de la voz del que no gana. La oscuridad invadió la sala y por mucho que lo intentó, no pudo evitar escuchar los gritos ni los disparos.
Tanto Silvia como Manu como Diana no hacían absolutamente nada, solo esperaban y esperaban tristes, derrotados y agotados. Los tres dejaron de comer a pesar de que la comida seguía cayendo por la trampilla. Les amonestaron diciéndoles que si no comían serían castigados. Ninguno de los tres obedeció y todos ellos recibieron su correspondiente descarga. Estaba claro que todo había terminado para ellos, toda esperanza de salir con vida de allí era en vano.
Pero de repente algo cambió, directamente sonó la alarma y les dijo el encapuchado que se duchasen y que se pusiesen en la puerta, había llegado la hora de su liberación. Las negociaciones habían dado sus frutos finalmente y serían liberados.
Silvia de repente se dirigió a las pantallas y gritando les dijo:
-“¿Y cuál ha sido el precio de nuestra liberación? Mi marido está muerto, toda mi gente ya no está conmigo”. “Me habéis arrebatado todo en lo que yo he creído, he amado y por lo que he vivido. ¿Y ahora venís diciendo que nos liberáis?”.
-“No puedo responderte aún a esto”, le dijo la voz.
-“¡¡Tú nunca puedes responder a nada!!!” dijo Manu de repente. “Pero Silvia tiene razón, ¿este es el precio de nuestra libertad? ¿La vida de nuestros amigos?”.
Las pantallas se apagaron y la puerta se abrió. Cuatro encapuchados apuntando con rifles a los tres les dijeron que fuesen a ducharse y a prepararse para salir. Ninguno de los tres obedeció a los secuestradores y éstos dijeron que si no lo hacían serían castigados. Manu le dijo que estaba dispuesto a recibir el castigo por todos, ya que todo daba igual. Silvia y Diana le acompañaron en su acto. Y los secuestradores les dijeron que ellos se lo habían buscado.
-“Si no queréis ducharos ni prepararos, ya nos encargaremos nosotros.” Dijo uno de los secuestradores.
De repente la puerta se abrió y entraron otros tres encapuchados con una manguera de boca ancha y de larga longitud, como la que utilizan los bomberos. Y con un chorro a presión apuntaron a los tres que inmediatamente cayeron al suelo. Durante dos minutos mantuvieron a los tres mojándoles con la manguera y una vez que acabaron los tres encapuchados recogieron la manguera y se marcharon.
Uno de los encapuchados se marchó al baño, cogió toallas y se las dio para que se secasen, tanto Silvia como Diana como Manu las cogieron y no le quedó otra que obedecer a los secuestradores.
Se pusieron los tres en la puerta, que al poco tiempo se abrió. Varios encapuchados armados con rifles les cogieron y les condujeron a una furgoneta. Entonces fue cuando por primera vez, se les vio esperanza de que por fin todo aquello iba a terminar, no sin olvidar a todos sus amigos y parejas que habían muerto anteriormente. Era difícil contener las lágrimas, Silvia no paraba de pronunciar el nombre de todos sus amigos pero sobre todo el de Javi. Diana y Manu estuvieron quietos sin decir absolutamente nada.
La furgoneta se paró. Mandaron a los tres a que se bajasen, y cuando los sacaron vieron que era de noche y que estaban en aquel circuito de carreras en el que ya habían estado una vez, hacía frío, mucho frío. Era la primera vez que sentían esa sensación en mucho tiempo. Y los secuestradores le dijeron a cada uno que se fuese subiendo en un coche.
-“¡Ha sido una trampa! ¡Nos habéis engañado!, ¡No nos ibais a liberar, nos vais a matar!”, les gritó Manu. Silvia comenzó a insultarles y llego a forcejear con uno de los secuestradores pero otro secuestrador le dio por detrás una descarga eléctrica, y no solo a ella, sino a Manu y a Diana, que también le dieron una a cada uno. Una vez que los habían reducido,  los metieron a cada uno en un coche.
¿Cuánto tiempo duró la carrera?, ¿Media hora?, ¿Veinte minutos?  O incluso menos, no sé cuanto pudo durar, ni tampoco sé quien fue el coche ganador, solo sé que en cuanto la carrera terminó cogieron a los tres y los volvieron a meter en la furgoneta. Volvieron  a llevarles a la sala en la que seguramente terminarían con sus vidas. La puerta se volvió a cerrar de nuevo.
Totalmente consternados, Silvia, Manu y Diana se sentaron en el suelo y esperaron a que les llegase el momento. Todo había terminado para ellos. Solo quedaba esperar.
De repente las pantallas se encendieron y el encapuchado dijo:
-“Que se prepare Silvia para salir”. Las pantallas se apagaron.
Silvia abrazó a Manu y a Diana, despidiéndose de ellos y diciéndole lo mucho que les quería. Se preparó para salir, la puerta se abrió y Silvia salió. En el momento en el que la puerta se cerró la oscuridad volvió a inundar la sala, como ya había ocurrido tantas veces. Esta vez no se oyeron gritos, solamente los disparos.
Manu y Diana permanecieron todo el tiempo juntos, abrazados y diciéndose lo que se querían y recordando todo el tiempo que habían pasado juntos, y se prometieron que se volverían a ver más  allá de la muerte. De nuevo las pantallas se encendieron y esta vez dijeron que fuese Diana la que se prepararse para salir.
Y así lo hizo, entre lágrimas tanto de ella como de Manu, se dieron el último beso y se dijeron adiós. La puerta se abrió, Diana salió y la puerta se cerró y de nuevo volvió la oscuridad a la sala. Los gritos de pánico de Diana y los disparos no se hicieron esperar.
Allí estaba Manu, él solo, ya nadie quedaba con él. Dando vueltas por la sala, esperando a ver qué ocurriría, hablando solo, cantando y bailando, incluso riéndose de cosas de las que el mismo se acordaba. Sin darle importancia a nada.
Esta vez las pantallas no se encendieron, la puerta se abrió y tres encapuchados le dijeron que saliese con ellos. No se resistió, simplemente estaba esperando a reunirse con Diana y sus amigos en la otra vida, la otra dimensión o como cada uno quiera llamarlo. Salió al pasillo y se fijó que el techo estaba lleno de impactos de bala, algo que le dejó extrañado, la puerta se cerró y un encapuchado le dijo que le mirase fijamente. Manu obedeció y de repente el encapuchado disparó hacía el techo tres veces. Esta se quitó la capucha y le dijo:
-“¡Manuel! ¡Mi más sincera enhorabuena!”. Te acabas de convertir en el campeón del concurso de televisión “La voz del que no gana”.
Manu se quedó totalmente petrificado, y sin decir ni una sola palabra.
-“¡Manuel, permíteme que me presente! Mi nombre es Joan Vázquez, soy el director y el presentador del nuevo reality show de televisión llamado “La voz del que no gana”. Tú y tus amigos habéis estado durante casi dos meses en este concurso, que consistía en haceros creer que estabais secuestrados y mientras  os estábamos grabando vuestro día a día y vuestras reacciones ante las “Pruebas” que os hemos estado poniendo”.
Manu no daba crédito a lo que estaba escuchando, y a cada palabra que iba diciendo aquel hombre, se iba poniendo cada vez más pálido.
-“Durante la semana la audiencia os iba dando puntos, ya fuera mediante votaciones por teléfono, sms, o internet. Y los concursantes que menos votos recibían esa semana eran los que salían a la prueba de los coches a la que habéis asistido. El perdedor de la carrera era el que quedaba eliminado, y os hacíamos creer que los asesinábamos, pero realmente disparábamos al techo, como acabas de comprobar, les hacíamos callar y les sacábamos silenciosamente para que no os enteraseis”.
Una a una le fue mencionando todas las marcas de coches que habían patrocinado y promocionado este macabro concurso de televisión.
-“Finalmente entre la unión de las grandes marcas de automóviles que se han encargado de la parte de las carreras y el reality del ficticio secuestro que se ha encargado nuestra  productora televisiva,  ha sido todo un éxito de masas y este programa ha alcanzado la mayor audiencia de la historia de la televisión, ha habido veces que se ha llegado a decir que casi ocho millones de personas lo han estado siguiendo solo en este país, sin contar con nuestros países vecinos, que lo han seguido en gran masa tambien”.
Joan Vázquez le comentó muchas más cosas pero Manu estaba totalmente ido, sin moverse y sin decir una sola palabra, su palidez en la cara era tal que llego a convertirse en la frialdad absoluta, una cara totalmente inexpresiva.
-“¿Supongo que tendrás ganas de saber qué has ganado?”.
Manu no dijo absolutamente nada, simplemente asintió con la cabeza.
-“¡¡¡Nada más y nada menos que 25 millones de euros!!!!” ¡¡Que son todo tuyos!! Te los mereces, ¡¡Ahora te has convertido en un fenómeno de masas!!”.
-“¿Mis amigos? Dijo Manu muy suavemente, ya que casi no le salía la voz. “¿Diana, Están todos bien?”.
-“¡¡Por supuesto que están bien, ninguno de ellos ha sido herido en ningún momento!!!!”
 -“¡En ningún momento!, dijo Manu. ¿Te atreves a decirme que no nos ha pasado nada en ningún momento durante todo este tiempo?”.
-“Clar..”, pero Manu le interrumpió.
-“¿Me quieres decir que no nos habéis robado nuestra vida? ¿Que todo lo que hemos sufrido aquí no ha sido absolutamente nada? ¿Que no nos habéis hecho creer que nos matabais como a perros? ¿Que no nos habéis electrocutado? ¿Me quieres decir eso?”.
-“Manuel”, replicó Joan, “Entiendo que ahora estás cansado, nervioso y confundido, pero verás como dentro de muy poco tu vida habrá cambiado y podrás realizar todos tus sueños con todos tus amigos y familia, que te están esperando fuera. Sal ahora y verás como todo el mundo te aclama”.
Uno de los encapuchados se dirigió a Manu y le dijo que le acompañara a la puerta que comunicaba el maldito pasillo con la salida exterior. Abrieron la puerta y el bullicio que había era impresionante, todo el mundo coreando el nombre de Manu y llenándole de halagos.
Pero en el momento de más bullicio, cuando todo el mundo aclamaba al nuevo héroe de masas, Manu se dio cuenta que uno de los encapuchados bajó la guardia con el rifle.
Al ver la guardia baja, Manu le arrancó el rifle de las manos y sin pensarlo y con la mayor frialdad que puede dar el límite de la desesperación de un ser humano, disparó al encapuchado a bocajarro. Luego se dirigió a Joan que al ver la reacción se quedó petrificado, y Manu se quedó apuntándole fijamente al estómago y mirándole fijamente a la cara. Los gritos que aclamaban a Manu rápidamente se convirtieron en gritos de pánico.
-“¡Manuel!, “¡Por favor ten calma!, dijo Joan, pero Manu disparó tres disparos al presentador que cayó fulminado en el suelo.
Al tercer disparo, uno de los encapuchados, llegó por detrás e inmovilizó a Manu con una descarga, una vez que cayó al suelo, la policía se lo llevó detenido.
Y más o menos esto fue todo lo que aconteció la noche de Halloween más larga de la historia. Os estaréis preguntando quién soy y cómo conozco tantos detalles de todo lo que aconteció en aquella sala. Bueno pues os lo contaré, aunque muchos de vosotros ya os lo podréis imaginar.
Sí, soy yo, Soy Manu, el supuesto campeón de aquel concurso de televisión. Os escribo desde la prisión de Estremera, en Madrid, donde ya llevo cumplidos casi tres años y medio de condena por los asesinatos directos de dos personas y por la muerte involuntaria de 39 personas.
Después de aquello los juicios no se hicieron esperar, me acusaron de homicidio en primer grado de 2 personas y de homicidio involuntario de otras 39 junto a más de 150 heridos. Parece ser, que tras disparar a los secuestradores, toda la gente que estaba fuera, coreando mi nombre cayeron víctimas del pánico e intentaron huir. Esto produjo una avalancha enorme de las cuales el resultado fueron los ya citados 39 fallecidos. La pena máxima en España son 30 años de cárcel, finalmente se me quedaron en 12 y medio porque mi abogado defensor alegó enajenación mental transitoria. Una vez por semana estoy obligado a recibir tratamiento psiquiátrico. Cada dos por tres me dicen que por buena conducta, tal vez salga de aquí antes de lo previsto.  Pero yo ya no me creo nada.
Antonio, José Alberto, Silvia, Javi, Fernando, Verónica y Diana venían todas las semanas a verme, aunque a medida que pasa el tiempo sus visitas son cada vez más prolongadas, excepto Diana que sigue apoyándome junto a mi familia y me visitan todas las semanas, están todos muy bien y me alegro por ello. Aunque supongo que siempre tendremos todos aquel recuerdo de aquel horrible lugar. Lo que más me gusta de estar aquí es  que puedo ver la luz del sol todos los días, que puedo ver la lluvia y me encanta hacerlo. Son cosas que no echas en falta hasta que te lo quitan y una vez que lo recuperas lo consideras como algo bello y divino.
Nunca supimos quien anduvo detrás de esto, quien nos eligió para ser nosotros los secuestrados, y quien manejó los hilos de la situación, aunque para ser sinceros, a medida que pasa el tiempo, cada vez me importa menos.
A menudo tengo pesadillas sobre esa sala, sobre aquellas carreras y sobre todo lo sucedido, pero lo que nunca se me olvidará es que todo aquello no fue más que una noche de Halloween en la que mis amigos, Diana y yo nos juntamos para pasarlo bien y contar historias, que era lo que nos gustaba hacer. Y nunca jamás se me borrará aquella frase que me atormenta día tras día.
“Ahora vais a escuchar la voz del que no gana”.
Epílogo

Contrariamente a lo que muchos podéis pensar. Esta historia no es una crítica a programas de televisión de los que estamos acostumbrados a ver, oír y hablar. Esta historia está inspirada en varios sucesos. Sobre todo está inspirada en un sueño de Manu, que tuvo allá por el año 1999 en el que él y todos sus amigos se iban de acampada y los secuestraban con muchos desconocidos. Ocurría en el sueño también lo de la famosa carrera de coches, algo que en principio parece absurdo, pero que Manu hacía tiempo que quería escribirlo, y junto con Diana, le han dado la forma que habéis contemplado hace un momento. Los personajes del sueño y los que aparecen en esta historia han sido cambiados, ya que esto ocurrió hace mucho tiempo. La carrera de coches en el sueño no era en un circuito de carreras, sino que discurría por calles de Alcorcón, más concretamente por la avenida de Leganés, Avenida de Cantarranas y Calle Polvoranca.
También está inspirada en la película “El síndrome de Madison” en la que un grupo de jóvenes son secuestrados en un supermercado y los terroristas obligaban a grabar todo lo sucedido y emitirlo en hora punta. El protagonista se convierte en un fenómeno de masas una vez que todo acaba.
Las muertes finales de las 39 personas y todos los heridos, están inspirados en la famosa “Tragedia de Heysel” en las que varias personas murieron cuando se disponían a ver la final de la copa de Europa de fútbol, y momentos antes del partido, una avalancha producida por una de las aficiones, produjo la muerte de 39 personas y otros muchos heridos de gravedad.
Esta historia está dedicada a todos y cada uno de los personajes que aparecen en ella, y espero que hayan disfrutado leyéndola.

¡¡¡¡¡FELIZ HALLOWEEN 2012!!!!!